Rescata y libera Comisión de Parques y Biodiversidad a jaguar en Llera

 


Llera, Tamaulipas. - Si los jaguares pudieran sonreír, la mañana de este miércoles "Adelita" habría mostrado sus colmillos en una enorme mueca de felicidad. 


Después de unos días de "vacaciones" pagadas por la Comisión de Parques y Biodiversidad de Tamaulipas, esta hermosa hembra de jaguar ya corre y acecha nuevamente entre la vegetación de Llera.


Todo empezó como un pequeño susto en un rancho de la región, donde "Adelita", fiel a su instinto, había sido reportada por acercarse de más al ganado. 


Pero lejos de correrla a manotazos, el equipo de la Comisión, con empatía y la ciencia por delante, ya había instalado una "casa jaula" preventiva. 


La estrategia funcionó: hace unos días, la felina cayó en la trampa, pero no para ser castigada, sino para recibir un masivo operativo de cariño y salud.


El vocal ejecutivo de la Comisión, Eduardo Rocha Orozco, narró con emoción el reencuentro con la fiera. Al llegar, los técnicos de la Dirección de Biodiversidad no podían creer la sorpresa: ¡era una cara conocida! 


Al pasar el lector de microchip, la computadora confirmó lo que el corazón ya sospechaba: se trataba de nuestra querida "Adelita", a quien ya le habían puesto el apodo y el chip en noviembre de 2024.


Pero había que asegurarse de que la reina de la selva estuviera en plena forma para volver a su hogar. 


Bajo la sombra de los árboles, el equipo veterinario montó una clínica de primer nivel al aire libre. 





Con sumo cuidado y profesionalismo, "Adelita" pasó su chequeo anual: pesó 40.250 kilos de pura potencia, se tomó una "radiografía" portátil y hasta una ecografía para ver que todo estuviera perfecto por dentro.


"Está fuerte, está sana y está lista", debieron pensar los biólogos mientras le tomaban muestras de sangre y pelo, y fotografiaban su exclusivo patrón de manchas —como si fuera su DNI natural— para seguir alimentando el gran libro de la vida del Programa Estatal de Manejo y Conservación del Jaguar.



"Adelita", quizá desconcertada pero sin duda agradecida, olfateó el aire cálido de Tamaulipas y, con la elegancia que solo los jaguares tienen, se internó de nuevo en la espesura. Un paso, dos pasos, y se fundió con la selva.


Adelita está en casa, y la selva vuelve a tener dueña.